La camisa europea conserva, casi sin alteración, el corte de sus piezas fundamentales —cuerpo, mangas, canesú, cuello, puños— a lo largo de diez siglos. Su historia no es la de una invención, sino la de una redefinición continua del límite entre ropa interior y ropa exterior. Hasta el siglo XVIII permanece oculta bajo el jubón o la casaca; en el siglo XIX se asoma por el cuello y los puños, codificando jerarquías sociales; en el siglo XX se libera del chaleco y se convierte, ella sola, en la pieza visible del torso masculino y, después, de buena parte del femenino.
Esta sección reúne cinco entradas que reconstruyen ese arco: dos sintetizan la prehistoria larga de la prenda (Edad Media, Renacimiento y Barroco); dos abordan los dos siglos que más alteraron su forma (XIX y XX); la última ofrece una cronología comparada en formato de tabla.
Entradas de la sección
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Orígenes y Edad Media
De la camisia romana a la chemise medieval: ropa interior de lino, sin cuello cerrado, cortada en piezas rectangulares y vestida bajo la cota o la armadura desde el siglo X hasta el XV.
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Renacimiento y Barroco
La camisa empieza a asomarse: cuellos plegados, puños fruncidos, encajes en pecho y muñecas. Entre los siglos XVI y XVII se convierte en la pieza más visible del traje.
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El siglo XIX y el cuello postizo
La revolución industrial estandariza tallas, almidones y cuellos desmontables. La camisa blanca de cuello duro fija, hacia 1860, el código del traje urbano que llegará al siglo XX.
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El siglo XX: confección moderna
El cuello vuelve a ser solidario del cuerpo; aparecen tejidos de mezcla, tratamientos antiarrugas y el sistema de tallas alfabéticas. La camisa pasa a ser prenda exterior por derecho propio.
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Cronología comparada
Tabla de hitos del siglo X al XXI, con fechas, regiones y referencias documentales, que permite leer en paralelo la historia técnica y la historia social de la prenda.